Cuando los Japoneses dejan de ser Japoneses

Hola!

Durante mi estadía en este país, si hay algo que uno nota de inmediato es que los japoneses son muy amables, atentos, pero poco cálidos (algunas excepciones pueden encontrarse). De alguna forma me recordaron a los británicos pero a otro nivel (se me ocurrió que quizá tenga que ver con el hecho de que al fin y al cabo son isleños). El punto es que uno pensaría que siempre están serios y compuestos y que en ningún momento se sueltan el pelo y se relajan.

Oh error. Los japoneses pueden desatarse y para verlo, uno debe de participar en un matsuri, un gran festival que suele estar centrado alrededor de algún templo y en el que se celebran a los personajes que están consagrados en dicho templo. Estos festivales pueden durar varios días e involucran desfiles masivos de gente cargando reliquias (mikoshi), música tradicional y baile, comida y bebida.

Cargando un mikoshi

Para mi suerte, hace un par de fin de semanas se celebró el Sanja Matsuri (El festival de las 3 reliquias), que es uno de los festivales shinto más importantes de Tokio. Este festival se realiza en honor a los espíritus (kami) de los tres hombres que establecieron el templo de Sensó-ji (que es budista!) y se celebra el tercer fin de semana de Mayo en el templo de Asakusa (que está a lado de Sensó-ji), porque coincide con la fecha en que dos de esos hombres, encontraron una estatua de Bodhisattva Kannon en una red de pesca. El tercer hombre, al enterarse de lo sucedido se les acercó y todos se convirtieron al budismo, consacrando la estatua en un templo que eventualmente se convertiría en Sensó-ji. El festival se supone viene celebrándose desde el siglo 7, aunque en su forma actual data del periodo Edo, cuando en 1649 se construyó el templo de Asakusa.

Susanne y yo en Yukatas

Susanne, Domenico y yo fuimos los tres días. El viernes fue el Daigyóretsu, que es una procesión donde un montón de gene se viste con ropa tradicional y desfilan con músicos, actores y bailarines a lo largo de las calles de Asakusa. Durante el desfile se pueden ver varios mikoshi provenientes de los vecindarios centrales, siendo cargados por docenas de gente, todos vestidos con colores identificándolos como miembros de x templo. Básicamente la ropa es una especie de saco de karate y luego se ponen taparrabo (y las mujeres pantalón) y unos zapatos que separan el dedo gordo del resto del pie (a mi entender se veían bastante incómodos). Al ir cargando el mikoshi, los que van cargando van saltando y gritando algo que sonaba como -Asakusa, asakusa!!-, pero entre salto y salto, básicamente se van aplastando unos a otros y si uno está parado en el lugar equivocado, pues te atropellan (a mi me tocó un buen pisotón). De hecho algunas mujeres se aventaron a estar cargando el mikoshi, pero más bien ellas iban colgadas de los soportes. Nosotras (Susanne y yo) íbamos vestidas con yukatas, que son kimonos de primavera y que nos ganaron un montón de miradas por el simple hecho de no ser japonesas. El ambiente estuvo muy divertido y la gente se veía contenta, totalmente desatada. De hecho hubo un momento en que pensé -dónde quedaron los japonesitos!!!- El día culminó con una ceremonia rara en el templo de Asakusa donde unos monitos se tomaban turnos para disfrazarse de dragones y bailar al sonido de los tambores (luego me enteré que es una danza para pedir por las cosechas y la prosperidad). 



Varias escenas del desfile de Daigyóretsu

Con el éxito de las yukatas, Susanne hizo que Domenico también se comprara una para el siguiente día. El sábado más de 100 mikoshi de los 44 vecindarios de Asakusa, son cargados por todos lados hasta encontrarse en el Kaminarimon y desfilar con destino al templo de Asakusa para que sean bendecidos por los sacerdotes shintos. Ese día nos tocó ver varios mikoshi de niños, que se encontraban muy emocionados por estar participando de forma activa en las celebraciones. Nosotros íbamos perfectamente ajuareados, por lo que cuando andábamos por el Kaminarimon, una japonesita nos pidió sacarnos una foto. Cuando Domenico le dijo que sí en menos de 5 segundos salieron como 30 japoneses todos con camarotas profesionales y sacándonos fotos desde cualquier ángulo. Realmente fue intimidante....después nomás estuvimos caminando por Nakamise-dóri tomando fotos y viendo a la gente y a los mikoshi pasar.

Japonesitas caminando en el Matsuri
 
El último día fuimos en la tarde (y ya sin yukatas) porque en principio ese día sólo desfilan los tres mikoshi importantes y además el clima estaba un poco tristón. Susanne encontró el recorrido en internet por lo que tan sólo teníamos que aparecernos en el momento y lugar adecuados. Lo más chido fue que varias avenidas principales son cerradas al tránsito y por lo mismo la gente está sentada en las calles (muchos evidentemente crudos, jejeje) y caminando relajadamente. Domenico tuvo el tino de ver que contraesquina de donde estábamos, unos grupo de músicos estaban tocando unos tambores tradicionales (taiko). Fue un espectáculo porque era una combinación de coreografía con música hecha enteramente de percusiones y una flauta. Cuando terminó, nos fuimos a dar una vuelta por las tiendas aledañas a ver la cerámica tradicional y otras cosas. La gente siguió celebrando y la música y cantos se siguieron oyendo aún cuando ya el sol se había metido.

Mikoshi cargado por niños

En suma, puedo decir que los japoneses son muy diferentes cuando están en modo de fiesta. Es casi imposible reconocerlos y me quedé con la idea de que el desfile de los mikoshi de alguna forma se parecía a cuando los chinelos bailan en el festival de Tepoztlán. Al final, parece ser que aún cuando las culturas son de lo más distintas, el matsuri hace que el japonés saque a relucir ese animal fiestero que todos llevamos dentro, y que no pensé que existiera al menos en los japoneses. Ya ven, uno no debe fiarse de las primeras impresiones.

Nos vemos en el siguiente post donde les tengo la presentación del tour exclusivo de Kyoto en un día. Ando volando de regreso y haciendo corajes con AirFrance porque los desgraciados me hicieron pagar sobrecarga (en qué mundo cabe que de regreso tienes menos peso permitido que de ida) y me tocó un asiento con un sistema de entretenimiento que no funcionaba, por lo que después de no pelarme 3 horas, me ofrecieron un voucher por 30 euros y ahora tengo que depender en mi batería de 4 horas para soportar un pedazo del vuelo de 11 horas....grrrrrrrrr (encima de que de ida me intoxiqué con su £($*£& comida!).

Cuídense y eviten AirFrance
Linda

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1 Response to "Cuando los Japoneses dejan de ser Japoneses"

  • the lines on my face Says:

    tsss cierto, air france es lo peor de lo peor, a mi me mandaron mi maleta a perú, lástima que yo no iba dentro... otra vez intentaron quedarse con una pluma fuente que compré, que porque no la podía llevar arriba... etc etc...
    Pero por lo de Japón, toda esa celebración se ve bien chida, me gustaron mucho tus fotitos...
    muchos abrazos
    ;)